Le quiero, no le quiero

margarita

Leemos blogs de otra gente, libros, revistas y hasta 140 caracteres para que alguien nos diga que no somos los únicos en el mundo que sienten como sienten, piensan lo que piensan y viven lo que viven. Vamos buscando que aprueben nuestras decisiones, alguien que diga exactamente lo que experimentamos en ese momento porque ni siquiera nosotros mismos lo sabemos, una persona que sea capaz de expresar lo que no somos capaces de decir.

Canciones, películas, libros. Porque somos un mar de dudas. Siempre. No estar seguros no nos convierte en alguien peor, nos dice que somos capaces de replantearnos las cosas. Humanos, al fin y al cabo. Nos sugiere que buscamos la manera de mejorar, aprender y ser felices. Hablamos con los demás de nuestras preocupaciones para poner sobre un papel o mediante un diálogo aquello que nos come la cabeza y el tiempo, lo que nos impide disfrutar de la vida arrojando una sombra constante que trata de arrebatarnos la felicidad.

Nos relacionamos para no acabar como Robinson en una isla perdiendo la cabeza (o tratando de conservarla) hablando con un balón. Reconforta saber que hay alguien igual que tú. Con las mismas carencias, taras y dificultades diarias a las que tratamos de sobrevivir. Tener constancia de que alguien ha superado un bache similar nos da la fuerza necesaria para tener la esperanza de la autosuperación. Porque nos vemos reflejados en el que nos mira y buscamos ese mismo reflejo al mirar.

Las dudas en las relaciones sentimentales son normales. Al menos en mi mundo es así. No saber hacia dónde va la relación, qué espera la otra persona de nosotros, qué esperamos nosotros de ella, y lo peor de todo, el futuro que auguramos. Si te paras a pensarlo un momento realmente no merece la pena pensar en el futuro en tan amplio margen. A lo mejor en algún instante tú también has sentido ese peso en el estómago al imaginar que el resto de tu vida ya está abocada a una rutina insalvable. Tú sabes que le quieres y sin embargo tener la certeza de que si decides estar con él para siempre algunas cosas habrán terminado incluso antes de que te hayas dado cuenta. Salir a cazar con las amigas solteras, flirtear por primera vez con un chico que te gusta, el primer beso, conocer desde el principio a la otra persona, sexo con alguien diferente y exótico (porque ya sabemos todos que aunque lo nuevo sea peor de primeras nos excita porque es nuevo) y todo ese sin fin de cosas que ya no harás porque tienes pareja.

Hay algunas cosas que te vas a perder. Pero también te estás perdiendo cómo debe ser la vida de un actor, un bombero, un barrendero y un pintor famoso. No podemos seguir todos los senderos posibles porque entonces realmente no estaríamos completos en ninguno. Decidiste estar con la persona que quieres. Eso implica que cuando tengas la oportunidad de irte a vivir con ella lo harás, aunque la rutina se vuelva un poco más grande y aterradora, y te mire desde un rincón con una sonrisa de oreja a oreja a la espera de que flaquees. Pero vivir bajo el mismo techo no significa que estés firmando con tu sangre que esa relación nunca vaya a acabar. Pueden pasar veinte años y que un día te levantes admitiendo que ya no queda nada y escapar por la ventana para no volver jamás al lado de ese al que un día quisiste tanto. No crees en el amor eterno porque solo existe en los cuentos. Entonces, ¿para qué empezar una relación si sabes que no va a durar toda la vida? Y si durara toda la vida, ¿querrías tener a esa persona a tu lado? Y si no, ¿para qué sirve todo el esfuerzo que estás gastando en mantener, cuidar y hacer crecer esto a lo que llamas Amor?

Cuando tengas estas dudas, que las tendrás, quiero que hagas algo sencillito. Mira a tu pareja mientras se dedica a hacer otras cosas que nada tienen que ver contigo. Observa con detenimiento cada pequeña parte de lo que te gusta de ella. Cómo le queda el pelo revuelto de por la mañana, el fruncimiento de ceño cuando hay algo que no acaba de entender o simplemente la manera que tiene de estirarse cuando está cansado. Algún pequeño gesto, alguna cosa diminuta que para los demás pase desapercibida y que para ti sea motivo de sacarte una sonrisa.

Después de hacer esto piensa en si merece la pena hacer lo que estás haciendo. Si quieres a esa persona lo suficiente como para gastar otro día de tu vida con ella viéndola hacer esas cosas tan mundanas y no seguir tu camino por un sendero totalmente distinto. Puedes soltar su mano hoy porque no sabes si en un futuro vas a querer seguir cogiéndola. O también puedes mantenerla junto a ti con los mismos abrazos, besos, paseos y despertares que ya has vivido unas cuantas veces. Sabiendo lo que va a decir antes de que lo diga, escuchando por décima vez la misma anécdota que te contó hace un par de años y recogiendo cada pedazo de él que hace que sigas enamorada.

Hablamos del Amor como algo efímero. Estamos convencidos de que es algo que inevitablemente acabará desapareciendo hagamos lo que hagamos. Pero, ¿si condenamos algo desde el principio no es de lo más normal que acabe por no salir bien? Las cosas se acaban cuando se acaban, ni antes ni después. No quieras correr más que el tiempo. Disfruta de lo bonito que es querer de verdad a alguien porque a lo mejor un día ese calor que te recorre el cuerpo al observar algún detalle ya no existe y solo te queda la salida de la ventana.

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2 pensamientos en “Le quiero, no le quiero

  1. Ayyyyyyyy estepost parece escrito para mí xD la rutina puede ser muy grande y muy aterradora, ya he vivido un poco de ello… se puede llegar a pasar muy mal porque ves que nada de lo que hacéis es igual, que todas vuestras ideas sobre cómo se tienen que hacer las cosas de la casa, o la compra, o la organización o TODO son diferentes… Pero hay que aguantar y no porque haya que “aguantar” nada ni porque consista en pasarlo mal, sino porque es útil pensar que simplemente estás abriendo senderos nuevos, y poco a poco ves cómo en esos senderos van encajando esas ideas.
    He hecho el ejercicio que propones y me has hecho (/me ha hecho) sonreír mucho mucho ^^
    ¡Mua!

    • Me encanta leer este tipo de comentarios. No sabes lo que me alegra ver que os sirve algo de lo que digo…¡Y para sonreír! Nada más y nada menos 😉

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